Bernardo Ainbinder

Universidad de Buenos Aires/Universidad Nacional de San Martín, Argentina
Auxiliar docente


Licenciado en filosofía (UBA), auxiliar docente de metafísica, gnoseología y filosofía contemporánea (Facultad de Filosofía y Letras, UBA) y profesor adjunto de filosofía contemporánea (UNSaM). Becario doctoral de CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas). Su especialidad es la filosofía alemana, fundamentalmente en fenomenología y hermenéutica.

 

Abstract

 

Forma y vida. Nietzsche, la biología y el problema de lo trascendental

Como es sabido, el concepto de «vida» ocupa un lugar central en la producción filosófica de Nietzsche. En efecto, es recurrente en la obra nietzscheana no sólo el concepto de vida como clave que articula una serie de tópicos epistemológicos, ontológicos, éticos y políticos, sino una serie de conceptos asociados que se vinculan con el paradigma epistemológico de la biología de la época (crecimiento, conservación, raza, potencia, entre otros). Ahora bien, el empleo nietzscheano del concepto de vida no es descriptivo, como en el caso del biologicismo, ni ontológico, como en el del vitalismo. Su alcance no se identifica con el ámbito concreto de lo viviente ni con una suerte de sustrato metafísico originario mediante el cual dar cuenta de todo lo que es. Más bien, aquello que con él se pone en juego es una indicación metodológica que permite pensar la constitución de la subjetividad a partir de algo que, en ella, escapa al concepto heredado de sujeto y revela a éste como un producto. En este trabajo, procuraré dar cuenta de la aparición de tales tópicos en la filosofía de Nietzsche a partir de su inserción en el marco más amplio de la filosofía del siglo XIX y, en particular, del modo en que la misma se constituye como una respuesta a ciertos problemas heredados del kantismo. En particular, dada la disociación sugerida por Kant entre la forma de la experiencia y el mundo, toda filosofía que pretenda ir más allá de Kant parece enfrentarse a dos riesgos: por un lado, el del relativismo que se contenta con afirmar la subjetivación de la experiencia y su contingencia; por otro, el del irracionalismo que se limita a afirmar la ininteligibilidad del mundo y a proponer un modo de acceso no racional a éste. Si, como ha sostenido Cacciari en su Krisis, el pensamiento de Nietzsche ha de leerse como la afirmación radical de la «miseria del formalismo» por medio precisamente de la afirmación de la necesidad del formalismo, la tesis nietzscheana del Wille zur Macht requiere abandonar la interpretación del mundo que aún persiste en Kant fundada en un marco epistemológico mecanicista heredado de la física newtoniana, y su reemplazo por un nuevo marco epistemológico, precisamente el de la biología decimonónica. El marco epistemológico de la biología permite a Nietzsche, en efecto, abordar los problemas abiertos por la filosofía trascendental –en particular, el problema de la fuente de legitimación de las categorías como forma de la experiencia– conjurando los dos riesgos mencionados. Frente a éstos, Nietzsche podrá mostrar un modo de constitución de la experiencia que revela a un tiempo su contingencia y su necesidad, y que brinda un modo de concebir la racionalidad que no exige suprimir su historicidad. Me propongo mostrar aquí el modo en que la confrontación con ciertos problemas filosóficos heredados de Kant permite explicar la centralidad del concepto de vida en la obra de Nietzsche como el núcleo mismo de la respuesta nietzscheana a la miseria del formalismo.