Pablo Martínez Becerra
Universidad de Playa Ancha/Universidad Adolfo Ibáñez, Chile
Profesor de filosofía
Doctor en filosofía, moral y política, Universitat de Valencia, España. Autor de Nietzsche y el despliegue de la libertad y de Nietzsche, descenso a Dioniso y ascenso trágico, su línea investigativa es la filosofía de Nietzsche y la filosofía práctica. Es profesor de filosofía medieval, antropología y ética económica en las universidades de Playa Ancha y Adolfo Ibáñez.
Abstract
Nietzsche y el devenir orgánico e inorgánico
La vida entendida como voluntad de poder permite a Nietzsche interpretar tanto la actividad del mundo orgánico como la del inorgánico. «Los “seres” inorgánicos –como expresa Müller-Lauter– son también voluntad de poder». Sin embargo, sucede que mientras podemos encontrar en Nietzsche múltiples argumentos que corroboran que el aumento de poder le es inherente al mundo orgánico, en lo que respecta a los seres inorgánicos resulta más difícil. Si la voluntad de poder se manifiesta como lucha, es trabajoso ver en la materia inorgánica alguna manifestación de la misma. Ciertamente, la ciencia contemporánea podría darle la razón a Nietzsche, pero en lo que queremos indagar es en qué argumentos y datos de la ciencia positiva de su época se apoya para defender que la materia bruta también tiende a crecer y no simplemente a conservarse.
Si el mundo inorgánico también es voluntad de poder, acontece que se le puede atribuir, en un sentido muy especial, vida. Habría que sostener que, en esta esfera, la vida se entiende como actividad y constante devenir. Como consecuencia de esta concepción, Nietzsche, sobre todo a partir de algunos fragmentos de los años setenta, podría inscribirse dentro de cierto hilozoísmo.
Esta conclusión puede resultar demasiado atrevida cuando, según múltiples interpretaciones,
el filosofo alemán defendería el vitalismo, es decir, la irreductibilidad de los fenómenos propios de la materia viva a los de la materia bruta. Sin embargo, se puede seguir atribuyendo este carácter a su filosofía si entendemos que el mundo de lo que llamamos vivo y el mundo de lo que llamamos inerte coinciden en ser activos y devinientes desde dentro, pero que en los matices y elevación que alcanzan en sus actividades hay divergencias insalvables. Por ello, la posición de Nietzsche aparece a ratos como una suerte de monismo que tiene como característica excluir la generación espontánea y asumir que omnen vivum ex vivo.
Podríamos decir que Nietzsche estima, coincidiendo con Haeckel, que el surgimiento de la memoria distingue lo orgánico de lo inorgánico. A pesar de que ello parece tan claro, algunos fragmentos de los años setenta añaden cierta confusión al asunto, sobre todo aquellos en que Nietzsche, influido por Zöllner, parece, si no aceptar, al menos considerar la posibilidad de «percepción en lo inorgánico». Esto podría dar pie para atribuir procesos hermenéuticos a lo inorgánico, eliminando con ello la distinción que parecía más clara entre una esfera y otra.
El recorrido de nuestra ponencia pretende realizarse teniendo presentes las fuentes, algunas directas como sucede con Richet y Delboeuf e indirectas como es el caso de Haeckel, que apoyan la perspectiva nietzscheana de una realidad entendida transversalmente como voluntad de poder. En ella, quedan esbozadas las posibles variaciones que se suscitan en la evolución del pensar nietzscheano. Se trata además de un recorrido ascendente que pretende caracterizar la vida desde los cristales y piedras, pasando por los procesos interpretativos de plantas y animales, hasta llegar al organismo humano.