Ricardo López Pérez
Universidad Diego Portales, Chile
Profesor asociado
Doctor en filosofía, Universidad de Chile. Profesor asociado de la Facultad de Psicología de la Universidad Diego Portales. Su trabajo académico está relacionado con creatividad, epistemología y filosofía griega. Ha publicado Mito, filosofía e historia (con Mario Orellana. Santiago: Librotecnia, 2006), Creatividad con todas sus letras (Santiago: Universitaria, 2008) y Prontuario de la creatividad (3ª edición. Santiago: Bravo y Allende, 2009).
Abstract
Nietzsche y la lógica de la ambigüedad
La alianza entre Dioniso y Apolo es la culminación de la religión griega, y un punto saliente de la cultura griega en su conjunto. Dioniso representa la unidad, la totalidad y la complejidad de un mundo infinitamente plural, que abarca todo lo vivo, y en donde cohabitan estrechamente placer y dolor, iluminación y trastrocamiento, fuerza y dulzura. Su mundo es la tierra firme, y sólo ocasionalmente visita el Olimpo. Tan fuerte es su presencia que el distante Apolo, dios de la luz, de brillante lucidez, advirtió que la única forma de ofrecer a los hombres una orientación suficiente era permaneciendo a su lado. Durante los meses de invierno, cuando viaja al país de los hiperbóreos, cede su templo a Dioniso, y entonces en Delfos se entona el ditirambo en lugar del peán. Ambos dioses, en conjunto, pueden tocar las más profundas y dispares aspiraciones de la naturaleza humana.
Nietzsche reconocía en estos dioses a los mayores representantes de dos mundos infinitamente dispares, en su esencia más honda y en sus metas más altas. En algún momento, sin embargo, esa magnífica convivencia se derrumba; el mundo moderno, dice Nietzsche, permanece ahora preso de la cultura alejandrina y sólo reconoce como ideal al hombre teórico, equipado con poderosos recursos cognitivos y siempre al servicio de la ciencia. Lo anterior tiene unos responsables: Nietzsche menciona de manera señalada a Eurípides y a Sócrates; pero, antecedentes más, antecedentes menos, el nombre de Platón debe mencionarse en primer lugar.
Dioniso es una auténtica divinidad griega nacida del vientre de una mortal. Dios del exceso, de la embriaguez divina y del amor más encendido. Por su cuerpo circula sangre divina y sangre humana. Desde el comienzo representó la unidad de lo distinto y la superación de la fragmentación.
Como ninguna otra figura encarna el encuentro de realidades diferentes. El sentido básico de la naturaleza dionisiaca es la locura, pero no en el sentido de una enfermedad, sino como una fuerza creadora que introduce el caos en las vidas ordenadas. Apolo es hermoso, alto, notable especialmente por sus largos bucles negros de reflejos azulados. Irradia una severa claridad; su espíritu superior es señal de medida y orden. Dios de la música y de la poesía, preside los concursos que convocaban las Musas, sus cercanas compañeras.
Su identidad más precisa está dada por los oráculos, expresados con frecuencia en fórmulas versificadas, porque a su conocimiento de lo correcto y verdadero se suma una visión de lo oculto y del futuro. Tiene una función inspiradora, al igual que Dioniso, pero se distingue por su carácter sereno y ciertamente más moderado. Las máximas «Conócete a ti mismo» y «Nada en exceso» llegaron a ser distintivas e inseparables de su figura. Un rasgo característico de la construcción intelectual que representa el mito griego es su tratamiento de las oposiciones. Su pensamiento y su lenguaje reposan en la categoría básica de la ambigüedad. Se trata de una forma del pensar en la que los extremos siempre actúan sin que se consiga un equilibrio, una integración, se verifique una exclusión, ni aparezca diseñada una contradicción. En el mito griego, y en toda la cultura que se desarrolla en torno a él, permanentemente hay dos polos que constituyen en conjunto una totalidad. Su lenguaje está íntegramente dominado por un aspecto doble y ambivalente; cualquier ganancia o ventaja tiene su contrapartida, todo bien esconde algún mal. Día y noche se apoyan, se cruzan, se oponen, se intercambian, sin anularse jamás, no puede haber uno sin el otro. Una particular expresión de la racionalidad: una lógica de la ambigüedad. Expresión de ella, es, precisamente, el encuentro entre Dioniso y Apolo que tanta inquietud provocó en Nietzsche.